Hace unos días (más bien, meses) tuve la alegría de tener a mis sobrinas de 5 y 8 años de visita en casa. Una mañana mientras estaban jugando alcancé a escuchar esta conversación:
(Imagínense un acento panameño)
- Oye, ¿Por qué te burlas de mis cosas?
- No me estoy burlando de tus cosas…
- Entonces, ¿Por qué le dices feo a lo HEEERMOSOOO? (Haciendo una carita de coqueta mientras señalaba con sus manos un joyero de cerámica con dos gatos arriba – de esos joyeros de las abuelitas de antes)
- ¿Por qué tu llamas hermoso a lo ASQUEROSO?
Salí de la habitación rápidamente para evitar que me vieran, tratando de contener la risa. La conversación era demasiado “seria” como para soltar la carcajada…
Me recuerda que así nos pasa a todos, no es ningún secreto… Lo que a unos parece precioso, a otros puede parecerles soso. “La belleza está en los ojos de quien la mira…” – La popular frase que enmarca nuestras diferencias de opinión en cuanto a lo que es bello y digno de nuestro tiempo y atención.
Sin embargo, quisiera una cosa agregar y es que creo que nuestros ojos debemos entrenar, para ver más allá. Para encontrar belleza donde parece que no la hay.
Hay belleza en una mamá – desvelada y sin peinar – con un niño llorando en brazos y otro correteando a la par. Hay belleza en un bombero que se arriesga para a un desconocido salvar, en el que sede su asiento y el caballero que abre la puerta para pasar. Hay belleza en la sonrisa y lágrimas de la mujer, que con pies cansados y rajados lleva, sobre su cabeza, leña… y en sus manos sustento para ojitos hambrientos. En el papá que, aún sin ejemplo, se atreve a estar presente y amar intensamente.
La falta de entrenamiento, hace que todos los días nos perdamos momentos, momentos que, al poner atención, quitan el aliento. Apreciar lo bello es todo un atrevimiento, poner la vista en lo eterno es un reto.
Y debo admitir, que muchas veces lucho para encontrar belleza en el “Proceso”, aquel al que me rendí cuando, por misericordia, entendí la maravillosa belleza de un sacrificio en una cruz por mí. La belleza que está en descansar en sus brazos, y descubrir que lo bello en realidad es Él y el estar a su lado.
La belleza que está en aquello que te transforma, que te moldea… en lo que te muele, te pule y te hace diferente…. que te quita la confianza en otra cosa que no sea Dios, y lo hace a Él primero en tu corazón. No hay escape al proceso, es un sello de Su amor.
Es difícil ver lo bello cuando el proceso no siempre me gusta, y aún más, en ocasiones lo entorpezco con mi orgullo y vanidad. Vaciarte de aquello que no te da vida, puede ser duro en verdad, pero es más duro pasar la vida sin ver a Jesús, y su belleza sin igual, eterno y perfecto amor que te dan vida y gozo sin par.
Ver belleza en el proceso, en el mío y en el de los demás. Mostrar compasión y misericordia, que todos necesitamos en este caminar y ayudar a otros a descubrir los tesoros para disfrutar… para esto quiero entrenar mis ojos, para ver belleza que nunca acabará…
¨Crea en mí, Oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí» salmo 51:10 RVR1960

