Moldes y Colores…

Rainbowcake

 

Hace unos días, platicaba con una amiga mientras esperábamos que terminara una clase de nuestras hijas. Surgió un tema que afecta a mujeres y hombres de todas las edades… La Comparación. Este afán enfermo de compararnos, de juzgar a otros de acuerdo a un arbitrario estándar, impuesto muchas veces por revistas y anuncios, por cultura o lo que dicta la ¨moda¨. Trata de “valorizar o desvalorizar” a una persona, de acuerdo a su ropa, su físico, sus capacidades… La comparación es ladrona, roba el gozo.

Y es que tratar de que todos encajemos en un molde no es más que un intento de robarnos lo nuestro, de privarnos de la alegría y realización que sólo viene de ser quien fuimos hechos para ser.  Somos prueba de la infinita creatividad de Dios y de su maravilloso concepto de lo que es verdadera belleza. Somos una obra de arte, cada uno con su singular parte – un mosaico de muchísimos tonos, matices y colores.

La comparación debilita, etiquetaha matado artistas, músicos, poetas, escritores, carpinteros y doctores. Ha callado voces de brillantes narradores, y privado al mundo de talentosos conquistadores… y es que no va sola, le gusta acompañarse de diversos  temores. Temores que impiden intentar, temor a fracasar, temor a miradas y burlas enfrentar, temores a lograr…

Reconocer la magnificencia de tener dentro de ti, de Dios la esencia… de ser portadores de su bondad cuando existe en el mundo tanta maldad, es dar honor al Creador. Dejar de gastarnos en comparar formas, empaques y envolturas, para valorar lo que si perdura.   Extender una mano con ternura, a aquel que necesita ayuda para volar sus propias alturas. Cada uno con un propósito, cada uno con un plan…En Dios, no hay casualidad.

Creerle o no, allí el desafío – Porque en este mundo que corre a toda velocidad, se necesita parar y escuchar, para hablar con el Buen Maestro, que nuestra vida quiere cambiar y restaurar; que anhela vernos caminar de acuerdo al plan original.

Desesperadamente, el mundo necesita luz…esperanza y paz, pero no pasajera, vana o temporal. Luz que es eterna, invariable y perfecta – sin tanta palabrería y discurso barato, sólo podemos reflejarla después de estar en Su contacto, de dejarnos moldear y transformar…de llenarnos de Su amor, para poder dar.

 

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«¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!». Salmo 139:14 NVI 

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